La soberanía nacional pertenece al pueblo

Artículo 3, Constitución francesa de 1958.

Ilustración de un grupo en debate

Nuestra convicción

La democracia, en su principio más simple, se apoya en tres pilares: cada ciudadano tiene una voz, cada voz tiene el mismo peso, y los ciudadanos deciden juntos su futuro común. Sin embargo, entre dos elecciones, estos tres pilares desaparecen.

Entre dos elecciones, estos tres pilares desaparecen. Nadie puede verificar cuántos ciudadanos apoyan una causa. Nadie distingue al militante comprometido del simpatizante distante. Y sobre todo, nadie sabe en qué podrían ponerse de acuerdo los ciudadanos, más allá de sus desacuerdos.

Democratia construye la infraestructura que falta: una herramienta que permite a los ciudadanos contarse, mostrar su compromiso real y encontrar sus puntos de acuerdo - sin esperar el permiso de nadie.

El problema democrático

Nadie sabe cuántos sois

El 7 de marzo de 2023, en Marsella: la prefectura anuncia 30.000 manifestantes. Los sindicatos reivindican 245.000. Ocho veces más. ¿Quién dice la verdad? Nadie puede verificarlo.

No es una excepción. Es la regla. Cada manifestación produce dos cifras, a veces diez veces diferentes, y ninguna es verificable. El resultado: los ciudadanos no se hacen oír, incluso cuando se movilizan masivamente.

Imagina un colegio electoral donde nadie cuenta las papeletas. Cada partido reivindica la victoria. Las cifras varían diez veces. Eso es exactamente lo que ocurre hoy con toda movilización ciudadana entre dos elecciones.

Nadie mide vuestro compromiso

Firmar una petición desde el sofá y bloquear una carretera durante seis horas no es el mismo mensaje político. Sin embargo, hoy todo se cuenta igual: una firma online = una persona en la calle = 1.

Esta confusión debilita la democracia. Un gobierno puede ignorar 500.000 simpatizantes. No puede ignorar 100.000 ciudadanos dispuestos a dejar de trabajar. Pero mientras no se distinga, la señal política sigue siendo borrosa.

Es como mezclar los votos en blanco, los votos nulos y los votos válidos en el mismo montón en un colegio electoral. Técnicamente, se pueden contar. Pero se pierde todo el matiz del mensaje político.

Nadie sabe en qué estáis de acuerdo

Un movimiento social siempre reúne a personas con motivaciones diferentes. Algunos quieren salarios más altos. Otros quieren mejores condiciones de trabajo. Otros quieren que un ministro dimita.

Los medios simplifican: "protestan contra la reforma." Pero ¿en qué están realmente de acuerdo? ¿Qué soluciones concretas alcanzarían el consenso? Nadie lo sabe. Y esta ignorancia impide cualquier acción colectiva eficaz.

Imagina unas elecciones donde solo pudieras votar "a favor" o "en contra" de un bloque de cien propuestas diferentes. Imposible saber cuáles generan consenso, cuáles dividen. El escrutinio solo revela una puntuación global, inutilizable.

La solución en 3 herramientas

Pop: La herramienta para contar

¿Cuántos somos? Un contador verificable, anónimo, independiente. Como un colegio electoral abierto permanentemente.

Pulse: La herramienta para medir la intensidad de una idea

¿Cuánto estamos comprometidos? Cinco niveles para medir la realidad de la movilización.

Agora: La herramienta para deliberar

¿En qué estamos de acuerdo? Encontrar los consensos transversales, más allá de los desacuerdos.

Pop: La herramienta para contar

El problema

El 7 de marzo de 2023, en Marsella, la policía anuncia 30.000 manifestantes. Los sindicatos reivindican 245.000. Ratio: x8. Nadie sabe quién tiene razón. No es una excepción - es la regla. Cada manifestación produce dos cifras, contestadas una y otra, inverificables una y otra.

Pero el problema va más allá de la calle. Entre dos elecciones, los ciudadanos no tienen ningún medio fiable para hacerse oír colectivamente. Las peticiones son promesas sin firma verificable. Las redes sociales distorsionan el compromiso mediante algoritmos. La calle produce cifras en las que nadie confía. Ninguna herramienta permite responder a la pregunta más simple de la democracia: ¿cuántos somos?

La solución

Los ciudadanos se cuentan a sí mismos. Una persona, contada una sola vez, verificada y anónima. El contador es público, auditable, independiente de gobiernos y organizadores.

Cómo funciona

El principio es el del colegio electoral: se verifica que eres una persona real, luego se te tacha de la lista. Cuentas. Una vez, una sola.

En Democratia, envías un código por SMS desde tu teléfono. Esa es la verificación - el equivalente de la tarjeta electoral. Pero a diferencia del colegio electoral, no necesitamos conocer tu identidad. Tu número se transforma instantáneamente en una huella matemática imposible de invertir, y luego se destruye. El sistema sabe que eres una persona única. Nunca sabe quién eres. Solo se recogen tu ciudad y tu país - para situar la movilización en un mapa, nunca para identificarte.

Puedes entonces contarte en cualquier causa. Cada causa muestra un contador público: "147.382 ciudadanos contados."

Entre bastidores: el número de teléfono sirve como ancla de unicidad. Un número, un código de verificación, un voto. El número nunca se almacena - solo persiste la huella anónima.

La diferencia con una petición

Una petición online es un colegio electoral donde nadie verifica tu identidad en la entrada, donde puedes volver diez veces, y donde los organizadores conservan tu nombre asociado a tu firma.

Democratia es un verdadero colegio electoral: verificación en la entrada, anonimato garantizado, una sola cuenta por persona.

Pulse: La herramienta para medir la intensidad de una idea

El problema

El 15 de enero de 2024, los agricultores bloquean las autopistas. Encuesta del día siguiente: "el 82% de los franceses apoyan el movimiento." Pero ¿qué significa "apoyar"? El que dio like a un post entre dos reuniones y el que está dispuesto a ir a bloquear una rotonda cuentan igual. Un jubilado vagamente simpatizante pesa tanto como un ganadero al borde de la quiebra.

Ese es el problema de toda medida binaria: sí o no, a favor o en contra. Aplasta la realidad. Un millón de personas "más bien de acuerdo" y diez mil dispuestas a sacrificarlo todo producen la misma cifra. Las encuestas miden opiniones. Nadie mide compromisos.

Resultado: los responsables nunca saben hasta qué punto una movilización es real. Descubren la intensidad cuando explota - en la calle, en las urnas, en la cólera.

La solución

Los ciudadanos no solo dicen "estoy a favor". Dicen hasta qué punto. Cinco niveles de compromiso, del simple acuerdo a la acción concreta. Se cuenta, se mide.

Cómo funciona

El principio es el de la escala de Richter: un terremoto de magnitud 2 y un terremoto de magnitud 7 no son la misma realidad. Decir "la tierra tembló" no basta - lo que importa es la intensidad.

En Democratia, después de contarte en una causa, eliges tu nivel de compromiso entre cinco escalones claros:

  • Apoyo - Estoy de acuerdo con esta causa.
  • Me implico - Estoy dispuesto a dar tiempo o recursos.
  • Me comprometo - Participo activamente, hablo de ello a mi alrededor.
  • Me movilizo - Estoy dispuesto a manifestarme, a actuar colectivamente.
  • Resisto - Esta causa justifica para mí la desobediencia civil.

Cada causa muestra entonces no una cifra, sino un perfil: "147.382 ciudadanos contados. De los cuales 34.000 dispuestos a movilizarse." Un responsable que ve 200.000 apoyos en el nivel 1, es una señal. 200.000 en el nivel 4, es una advertencia.

Técnicamente: tu nivel de compromiso está vinculado a tu huella anónima, nunca a tu identidad. Puedes cambiarlo en cualquier momento. La agregación es pública, los datos individuales son invisibles.

La diferencia con una encuesta

Una encuesta es un papel enarbolado por otro, sobre una muestra de mil personas elegidas por un instituto, con preguntas formuladas por un cliente, publicada cuando le conviene.

Democratia es un termómetro que cada ciudadano sostiene: compromiso voluntario, escala explícita, datos abiertos, medición permanente.

Agora: La herramienta para deliberar

El problema

En 2019, el Gran Debate Nacional en Francia produjo dos millones de contribuciones. Meses de trabajo, miles de reuniones locales, ciudadanos que dedican su tiempo a escribir, argumentar, proponer. Resultado: un informe de síntesis redactado por el propio gobierno, que extrae lo que quiere. Nadie puede verificar si las conclusiones reflejan lo dicho.

Ese es el problema de toda consulta ciudadana: quien hace la pregunta controla la respuesta. Las preguntas son cerradas, orientadas, binarias. "¿Eres favorable a X?" Pero X es un bloque. Estás de acuerdo con el principio, no con el método. Quieres una alternativa que nadie ha puesto sobre la mesa. Tu matiz no existe en el formulario.

Resultado: el debate público oscila entre dos caricaturas. Por un lado, las encuestas que reducen todo a favor o en contra. Por otro, las redes sociales donde las posiciones más extremas aplastan todo lo demás. Entre ambas, la inmensa mayoría que podría ponerse de acuerdo en muchas cosas no tiene ningún espacio para descubrirlo.

La solución

Los ciudadanos no votan a favor o en contra. Construyen juntos las propuestas en las que convergen. La herramienta no busca un ganador - busca el consenso. Lo que reúne al mayor número, más allá de las divisiones.

Cómo funciona

El principio es el de una asamblea deliberativa: no se decide, se busca lo que genera acuerdo.

En Democratia, cualquier ciudadano puede abrir una deliberación sobre una causa activa. No hace una pregunta cerrada - abre un espacio. Los participantes proponen posiciones, las reformulan, las enmiendan. Cada uno puede expresar su grado de acuerdo sobre cada propuesta: de acuerdo, más bien de acuerdo, neutro, más bien en contra, en contra.

El algoritmo no busca la mayoría. Identifica las propuestas que generan menos rechazo - las que el mayor número puede aceptar, incluso sin entusiasmo. Los puntos de consenso emergen desde abajo, no desde arriba.

Concretamente, una deliberación sobre la reforma de las pensiones no pregunta "a favor o en contra de retrasar la jubilación a los 64." Hace emerger que el 73% de los participantes, de izquierda y derecha, convergen en "indexar la edad de jubilación a la dificultad del oficio." Un terreno común que nadie había formulado, porque nadie tenía la herramienta para encontrarlo.

Técnicamente: el algoritmo de consenso se inspira en el juicio mayoritario y los métodos de voto por aprobación. Cada propuesta se evalúa independientemente de las demás. Los resultados son públicos, el proceso es auditable, y ninguna entidad - ni Democratia, ni un gobierno, ni un partido - controla la síntesis.

La diferencia con una consulta

Una consulta ciudadana es un micrófono tendido por el poder, que elige las preguntas, filtra las respuestas y redacta solo la síntesis. Hablas, otro decide lo que has dicho.

Democratia es una mesa redonda donde cada participante establece sus propios términos, donde el consenso se calcula matemáticamente, y donde nadie sostiene la pluma de la conclusión.

Nuestros compromisos democráticos

Serás anónimo - como en la cabina de votación

En un colegio electoral físico:

  • Se verifica tu identidad en la entrada
  • Entras solo en la cabina
  • Depositas tu papeleta sin que nadie vea
  • La urna mezcla todas las papeletas
  • Imposible saber quién votó qué

Con Democratia (sistema completo):

  • Se verificará tu unicidad (una persona = una participación)
  • Tu número se transformará instantáneamente en un código anónimo
  • Tu participación se registrará sin vínculo con tu identidad
  • Los contadores mostrarán totales, nunca nombres
  • Imposible saber quién contó para qué

Incluso si un juez ordena la incautación de todos nuestros servidores, solo encontrará huellas matemáticas imposibles de invertir. Es como incautar una urna después del recuento: las papeletas ya están contadas y mezcladas. Imposible saber quién votó qué.

Votarás una sola vez - como en un colegio electoral

En un colegio electoral físico:

  • Tu nombre está en el censo electoral
  • Se marca cuando votas
  • Si vuelves, ven que ya has votado
  • Imposible votar dos veces

Con Democratia:

  • Tu número de teléfono será tu ancla de unicidad
  • Se transformará en una huella matemática única
  • Si intentas registrarte de nuevo, el sistema detectará la huella existente
  • Imposible participar dos veces

La diferencia con las peticiones online: con diez direcciones de email diferentes, puedes firmar diez veces. Con Democratia, un teléfono = una cuenta. Punto.

Los resultados serán públicos - como un recuento

En un colegio electoral físico:

  • Tras la votación, los resultados se publican en la puerta del ayuntamiento
  • Cualquiera puede ir a leerlos
  • Los ciudadanos pueden asistir al recuento
  • Todo es transparente

Con Democratia:

  • Cada contador será público en tiempo real
  • Cualquiera podrá consultar los resultados sin votar
  • El código fuente será abierto: cualquier experto podrá verificar que el recuento es honesto
  • Cada contador mostrará su nivel de fiabilidad: "487.000 ciudadanos verificados. 23 cuentas sospechosas excluidas. Nivel de confianza: 99,2%."

Es exactamente como un colegio electoral donde varios interventores vigilan el recuento: la transparencia garantiza la honestidad.

No dependerás de nadie - como el voto es un derecho

El voto es un derecho constitucional. Nadie puede quitártelo. No necesitas el permiso de una empresa privada ni de un partido político para votar.

Con Democratia, mismo principio:

  • Sin inicio de sesión mediante Google, Apple o Facebook
  • Sin documento nacional de identidad
  • Sin reconocimiento facial
  • Solo tu teléfono y tu huella dactilar (o tu código)

Si una empresa privada o un gobierno intenta bloquear el acceso, no podrán. Democratia será accesible desde cualquier navegador web. Como un colegio electoral: imposible de cerrar, incluso bajo presión.

Todas las causas serán iguales - como todos los votos cuentan igual

En un colegio electoral, todas las papeletas pesan lo mismo. El voto del presidente de la República cuenta tanto como el de cualquier ciudadano. Nadie clasifica las papeletas por importancia.

Con Democratia, mismo principio:

  • Todas las causas podrán ser contadas
  • Ninguna causa será promovida ni censurada
  • Si estás en contra de una causa, podrás crear la causa opuesta
  • El sistema mostrará ambos contadores sin juicio

Este es el principio fundamental del sufragio universal: una voz = una voz, sea cual sea tu opinión.

Lo que nunca haremos

Nunca decidiremos qué causa cuenta

Un colegio electoral no clasifica las papeletas según agraden o no al gobierno. Todas las papeletas se cuentan. Democratia, igual.

Si empezamos a decir "esta causa merece ser contada, pero esa no," nos convertimos en un actor político más. Nuestra única misión: proporcionar la herramienta. Los ciudadanos deciden el contenido.

Nunca obligaremos a nadie a identificarse

En la cabina de votación, estás solo. Nadie mira por encima de tu hombro. Democratia, igual.

Tu participación siempre será anónima. Verificaremos que eres una persona única, pero nunca sabremos quién eres. Verificación en la entrada. Anonimato en la cabina. Secreto de la urna.

¿Por qué ahora?

La papeleta tiene 200 años

El voto secreto en papel existe desde 1856 en Francia. Durante 170 años, fue la única tecnología democrática disponible. Funciona notablemente bien para las elecciones. Pero tiene un límite: solo se puede celebrar unas pocas veces al año, sobre preguntas predefinidas.

Entre dos elecciones, nada. Es como si solo pudieras usar el teléfono dos veces al año, en fechas fijas. Absurdo.

El referéndum de 2005

El 29 de mayo de 2005, el 54,68% de los franceses votaron contra el tratado constitucional europeo. Recuento público. Resultado indiscutible. Mensaje claro.

Tres años después, en 2008, el mismo tratado se aprobó por vía parlamentaria. Sin nueva votación. Sin consulta.

Entre esas dos fechas: el silencio. Los ciudadanos que votaron "no" no tuvieron ningún medio para mantener su expresión política. Sin herramienta. Sin contador. Sin visibilidad. Sin colegio electoral abierto.

La brecha de confianza

Según los estudios, solo el 30% de los franceses confían en las instituciones políticas. Esta cifra baja desde hace cuarenta años. La razón es simple: entre dos elecciones, los ciudadanos no pueden hacerse oír de manera verificable.

Imagina el colegio electoral abierto solo una vez cada cinco años, durante ocho horas, un domingo. El resto del tiempo: cerrado. Ahí estamos.

La tecnología existe

Todo lo que necesitamos ya existe. El cifrado criptográfico que protege tu banco puede proteger el anonimato del voto. Los métodos de deliberación que funcionaron en Taiwán pueden funcionar en Francia. Los teléfonos que todos llevamos en el bolsillo pueden verificar la unicidad como un censo electoral verifica la inscripción.

El colegio electoral físico funciona gracias a garantías materiales: la cabina, la urna, el papel. Democratia funcionará gracias a garantías matemáticas: el cifrado, la huella criptográfica, la transparencia del código.

Solo falta una cosa: construir la herramienta y ponerla en manos de los ciudadanos.

El código será público

El código será abierto - como un recuento público

En un colegio electoral físico

  • Cualquier ciudadano puede ser interventor
  • El recuento se hace en público
  • Varias personas cuentan las mismas papeletas
  • La transparencia garantiza la honestidad

Con Democratia, mismo principio

El código fuente se publicará íntegramente como código abierto. Cualquier desarrollador, criptógrafo o experto en seguridad podrá:

  • Leer cada línea de código
  • Verificar que el sistema hace lo que dice hacer
  • Auditar los mecanismos de cifrado y anonimización
  • Proponer mejoras
  • Reportar posibles vulnerabilidades

Un sistema democrático que oculta su funcionamiento no es democrático. El código abierto no es una opción técnica - es un principio fundamental. Así como la urna transparente sustituyó a la opaca, el código abierto sustituye la "caja negra" digital.

Todo será verificable. Todo será auditable. Por todos.

Modelo económico

Financiación transparente y equitativa

Todo tiene un coste

Democratia será una asociación sin ánimo de lucro. Pero la infraestructura democrática tiene costes reales:

  • Servidores alojados en Europa
  • Envío de códigos de verificación (SMS, email)
  • Desarrollo y mantenimiento del código
  • Auditorías de seguridad regulares
  • Protección contra ataques

Rechazamos dos modelos: la publicidad (que convierte a los ciudadanos en producto) y la venta de datos personales (no recogemos ninguno).

Tres fuentes de financiación

1. Donaciones ciudadanas

Como Wikipedia, Democratia funcionará gracias a contribuciones voluntarias. Si 100.000 ciudadanos donan 2 euros al año, la infraestructura se sostiene. Transparencia total: cada euro recibido y gastado se publicará.

2. Acceso a datos para medios e instituciones

Los resultados serán públicos y consultables gratuitamente en democratia.io. Todos pueden ver los contadores, las distribuciones y los consensos.

Pero: si un medio de comunicación, un instituto de encuestas, un investigador o una organización quiere acceder a todos los datos brutos para analizarlos, republicarlos o integrarlos en sus propias herramientas, ese acceso será de pago.

Ejemplo: Le Monde quiere publicar los resultados de una movilización con su propio diseño gráfico. Democratia proporciona la API de acceso a datos mediante una suscripción anual. El ciudadano consulta los mismos datos gratuitamente en el sitio.

3. Subvenciones públicas y fundaciones (bajo condiciones estrictas)

Aceptaremos financiación pública o de fundaciones bajo tres condiciones:

  • Ninguna influencia editorial (no elegimos qué causas contar)
  • Publicación sistemática de toda la financiación recibida en democratia.io
  • Pluralidad de fuentes (sin dependencia única)

Un multimillonario nunca comprará Democratia. Igual que nadie puede comprar un colegio electoral ni un ayuntamiento, nadie puede comprar una asociación ciudadana. Sin accionistas, sin participaciones, sin capital que vender. La infraestructura pertenece a los ciudadanos, por construcción jurídica.

Desarrollo: código abierto Y equipo permanente

El código será abierto y todas las contribuciones externas serán bienvenidas. Pero una infraestructura democrática crítica no puede depender únicamente del voluntariado.

Democratia empleará un pequeño equipo técnico permanente para:

  • Garantizar el mantenimiento continuo (seguridad, actualizaciones, correcciones)
  • Asegurar la disponibilidad 24/7 (las movilizaciones no esperan)
  • Coordinar las contribuciones de código abierto
  • Responder a las auditorías de seguridad
  • Documentar el código para la transparencia

Lo que nunca haremos

  • Vender acceso prioritario a los resultados (todo es público al mismo tiempo para todos)
  • Crear "cuentas premium" con más derechos de voto (una persona = una voz, punto)
  • Aceptar financiación condicionada a una orientación política
  • Monetizar la atención de los ciudadanos mediante publicidad

Principio fundamental: Los ciudadanos financian la herramienta que les pertenece. Los medios e instituciones que monetizan la información ciudadana contribuyen al coste de esa información. Todo es transparente. Todo es verificable. Toda la financiación recibida se publicará en democratia.io.

Mantente informado

Democratia se construye en público. Si quieres seguir el avance, ser avisado de los lanzamientos, o simplemente ver a dónde lleva - déjanos tu email.

Sin contenido comercial. Pocos emails, solo para avances importantes. Sin spam.

¿Tienes preguntas, experiencia que ofrecer, o quieres saber más? Escríbenos directamente a .

La soberanía nacional pertenece al pueblo. - Artículo 3, Constitución francesa de 1958.